Persona bañándose en el mar durante las vacaciones mientras intenta desconectar del estrés.

¿Por qué me cuesta tanto descansar cuando más lo necesito?

Descansar en vacaciones parece algo automático, pero para muchas personas resulta mucho más difícil de lo que imaginaban.

«Llevo todo el año esperando las vacaciones.»

Es una frase que escucho con frecuencia cuando se acerca el verano. Después de meses de trabajo, responsabilidades y prisas, parece lógico pensar que unos días de descanso serán suficientes para recuperar la energía.

Sin embargo, ocurre algo que desconcierta a muchas personas.

Por fin llegan las vacaciones. No hay despertador, el ritmo disminuye y, sobre el papel, ha llegado el momento de desconectar. Pero la cabeza sigue funcionando igual que hace una semana. Mientras intentas disfrutar de la playa, de una comida con amigos o simplemente de una mañana tranquila, aparecen pensamientos que no dejan de insistir: los armarios que quedaron por ordenar, la vuelta al colegio, los gastos de septiembre, esa incertidumbre en el trabajo o todo lo que habrá que resolver al regresar.

Y entonces surge una segunda preocupación: «¿Qué me pasa? Si llevaba once meses esperando este momento, ¿por qué no consigo disfrutarlo?»

En consulta, esta pregunta aparece con mucha más frecuencia de la que imaginamos. Y la respuesta suele aliviar más de lo que muchas personas esperan.

¿Por qué cuesta tanto descansar en vacaciones?

Muchas personas descubren que descansar en vacaciones no depende únicamente de tener tiempo libre. Existe una idea muy extendida: si dejamos de trabajar, automáticamente descansaremos. Pero nuestra mente no funciona como un interruptor.

Después de meses sosteniendo responsabilidades, resolviendo problemas y anticipando lo que está por venir, el cerebro necesita un tiempo para comprender que ya no tiene que mantenerse en ese mismo nivel de alerta.

Cambiar de lugar es relativamente sencillo. Cambiar de ritmo mental no lo es tanto.

Por eso, muchas personas sienten que su cuerpo está de vacaciones mientras su cabeza continúa en pleno mes de noviembre.

Cuando la responsabilidad se convierte en una forma de estar

No siempre somos conscientes de la cantidad de decisiones que tomamos cada día.

Muchas personas llegan a las vacaciones cansadas físicamente. Otras llegan, además, agotadas de estar pendientes de todo. Ese desgaste invisible necesita tiempo para disminuir.

Organizar horarios, recordar citas médicas, preparar comidas, responder mensajes, gestionar el trabajo, pensar en los hijos, en la economía familiar o en los planes de las próximas semanas… Poco a poco, esa forma de funcionar acaba convirtiéndose en el estado habitual de nuestra mente. Persona al ordenador con bebe en brazos y perrito al lado

Sin darnos cuenta, vivimos anticipando.

Y cuando llevamos mucho tiempo haciéndolo, anticipar deja de ser una acción puntual para convertirse en una costumbre.

Por eso, aunque el calendario marque el comienzo de las vacaciones, nuestra forma de pensar no cambia de un día para otro.

La culpa de no saber disfrutar

La culpa se convierte en uno de los mayores obstáculos para descansar en vacaciones.

«Con la suerte que tengo de estar aquí y sigo preocupándome.»

«Debería estar disfrutando.»

«No entiendo por qué no consigo relajarme.»

Esa palabra, debería, pesa mucho más de lo que parece.

Quizá te reconoces en esa presión por sentirte bien porque «es lo que toca». Esa autoexigencia emocional conecta con otra reflexión del blog: ⇒ «¿Tengo que estar siempre bien? Aprender a aceptar los altibajos emocionales».

Porque no solo esperamos descansar. También esperamos hacerlo bien.

Y cuando no ocurre, sentimos que estamos desaprovechando unas vacaciones que llevábamos meses deseando.

En realidad, lo que suele generar más malestar no es la preocupación inicial, sino la lucha contra ella.

El descanso también necesita adaptación

Del mismo modo que nuestro cuerpo necesita unos días para adaptarse cuando cambiamos de horario o viajamos a otro país, nuestra mente también necesita tiempo para abandonar el ritmo que ha mantenido durante meses.

No es extraño que los primeros días aparezcan inquietud, sensación de vacío o incluso cierta irritabilidad.

No significa que las vacaciones no estén funcionando. Vacaciones, el descanso también necesita adaptación.

Significa que el organismo está dejando atrás un nivel de activación que ha sostenido durante mucho tiempo.

Comprender esto cambia por completo la forma de vivir esos primeros días.

En lugar de pensar que algo va mal, podemos entender que estamos atravesando una transición.

Descansar también es dejar de exigirte

Aprender a descansar en vacaciones implica aceptar que no todo tiene que quedar resuelto antes de relajarte.

Quizá el mayor obstáculo para descansar no sean las preocupaciones. Quizá sea la exigencia de no tenerlas.

A veces creemos que descansar consiste en no pensar nunca en el trabajo, en la casa o en las responsabilidades. Sin embargo, el descanso suele comenzar mucho antes: cuando dejamos de juzgarnos por seguir necesitando un tiempo para bajar el ritmo.

No existe una manera perfecta de vivir las vacaciones.

Como explicaba en ⇒ «Autocuidado real: más allá de las modas, qué significa cuidarse de verdad», cuidarse no siempre significa hacer más cosas, sino relacionarnos con nosotros mismos de una forma más amable.

Habrá días en los que te sientas tranquilo y otros en los que vuelvan las preocupaciones. Habrá momentos de desconexión y otros en los que la mente regresará a septiembre antes de tiempo.

Eso no significa que estés haciendo algo mal.

Significa que eres una persona que ha sostenido muchas responsabilidades y que necesita algo más que cambiar de escenario para recuperar el equilibrio.

Cuando el descanso no llega

Si, con el paso de los días, sientes que la preocupación ocupa todo el espacio, que la ansiedad no disminuye o que el malestar te impide disfrutar no solo de las vacaciones, sino también del resto del año, puede ser un buen momento para detenerte y escuchar qué hay detrás de ese estado de alerta constante.

En otras ocasiones he hablado de cómo el cuerpo y la mente pueden mantenerse en tensión durante demasiado tiempo, incluso cuando las circunstancias cambian. Comprender esos mecanismos suele ser el primer paso para relacionarnos con ellos de una forma más amable y saludable.

En consulta, muchas personas descubren que no necesitaban aprender a descansar mejor. Necesitaban comprender por qué les resultaba tan difícil permitirse descansar.Madre e hija disfrutando picnic en la montaña

Descansar no siempre consiste en hacer menos. A veces empieza cuando dejamos de sentir que debemos seguir resolviendo la vida incluso mientras intentamos disfrutarla.

Porque las vacaciones no siempre empiezan el día que termina la jornada laboral. A veces empiezan el día en que dejamos de exigirnos sentirnos bien desde el primer minuto.

Si este verano te está costando descansar en vacaciones, no significa que estés haciendo algo mal. Quizá no necesites hacer más, sino permitirte parar.

Permítete sentir. Permítete crecer.  ⇒¿Hablamos?

Solicita tu primera sesión gratuita

La primera consulta se realizará de manera telefónica y será una sesión de valoración.

La duración de la sesión gratuita es de 15 minutos aproximadamente.

Rellena el formulario y nos pondremos en contacto contigo en la mayor brevedad posible.